HE LEÍDO, “HABITACIONES SEPARADAS”, DE LUIS GARCÍA MONTERO

Luis García Montero presenta su libro 'Vista cansada'.Foto: Belén Vargas.

Como viajero que busca el descanso en unos días de puente me adentro en este hotel de “Habitaciones separadas” que ha edificado Luis García Montero. Las habitaciones son amplias y una paz de jazmines inunda los pasillos, las razones del viajero son siempre que los versos aprendan a vivir solos, “en otra edad”, en otro “tiempo de habitaciones separadas”.

Leyendo estos poemas y utilizando un símil automovilístico, podemos decir que Luis García Montero es un poleman contemporáneo, poeta de primera línea de parrilla. No cabe la menor duda de que Luis, es un poeta habilidoso con su pluma y muestra una exquisitez que endulza las palabras. Elocuente y coloquial deja correr su verso como grandes navíos que acarician la brisa turquesa de los mares.

 Coincido plenamente con José Carlos Mainer cuando dice que “García Montero es un poeta tocado por la rara gracia del talento expresivo y la todavía menos frecuente, la invención emocional”. Sus versos llegan, atrapan, envuelven y te trasladan como en un cuento mágico a través de sus imágenes siempre bien cinceladas.

 Poemas de ruta llenan estas “Habitaciones separadas”,  viejas fotografías, clichés que han ido fijando en la retina del poeta sensaciones y sentimientos siempre retenidos en la impronta que guarda el subconsciente.

“Fotografías veladas por la lluvia” es un poema cargado de imágenes que el poeta ha ido desgranando como un ala de lluvia que esparce en las colinas el iris de los sueños.

 “Cuando los merenderos de septiembre/ dejaban escapar sus últimas canciones/ por las colinas del Genil/ yo miraba la luz/ como una flor envejecida/ caerse lentamente/. Bombillas/ contra un cielo sin fondo,/ pintura de las mesas/ más pobres y sin verano,/ botellas olvidadas sin un solo mensaje/ y la radio sonando/ con voz de plata/ como los álamos del río.” Con voz de plata y miel el llanto de los valles agita la intemperie y deja un menudeo de cobre entre los álamos, “que va imponiendo sus fronteras”.

Bello poema donde el poeta recorre con la mirada aun niña ese espacio tan breve  como intenso que emerge imperceptible en el vértice astral de un tiempo sorprendido.

l 1Emana entre estos versos esa actitud coloquial de querer transmitir los sentimientos tantas veces ahogados  en el pecho. Luis, igual que  Pablo Neruda dijo: “quiero que a la salida de fábricas y minas esté mi poesía adherida a la tierra”, o Blas de Otero escribiera aquel hermoso título: “a la inmensa mayoría”, podemos decir una vez leídos estos poemas de “Habitaciones separadas”, que  al  igual que Blas de Otero, él también escribe para la inmensa mayoría y quiere que su poesía  quede adherida a la voz del pueblo.

Libro de emocionados versos que ocupan la epidermis donde habitan los sueños “como cromos pegados en la noche”. El poema “Unas cartas de amor” nos acerca al Luis García Montero más sentimental, “porque se crece siempre en busca del pasado”, Luis, regresa en ese vértigo que ejerce la nostalgia a los sentimientos más puros, a las palabras más hermosas que llenan ese primer hogar los recién casados. Ecos de familia, de sueños expresados  que el poeta va descubriendo  a través de unas cartas. “Puedo verlos llegar. Hasta conozco/ sus sentimientos de recién casados/ con palabras hermosas.”

Recorridos estos versos hay que decir sin demora y sin temor a equivocarnos  que estamos ante  un libro de tono sostenido de principio a fin.

 Poemas de sentimientos encontrados, cargados de romanticismo que nos acercan al espíritu más noble y Becqueriano “de que es vaso el poeta”.

Para los que gustan de la poesía, estas “Habitaciones separadas”, bien merecen su lectura.

                                                                                  MARTÍN TORREGROSA

 

 


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HE LEÍDO, DIARIO DE UN DESTELLO, LOS OJOS DE LA NIEBLA Y CRONIRIA, UNA TRILOGÍA DE ESENCIAS AMOROSAS DE RAQUEL LANSEROS

mmcc01Teniendo en cuenta que la poesía es la manifestación del sentimiento y que este abarca todos los estados emocionales del ser humano, podemos decir que el poeta es el receptor capaz de transmitir de una forma estética la musicalidad de un sentimiento hecho palabra y a la vez es el conductor que transcribe los impulsos del alma,  por lo tanto, la poesía es para el poeta  el único medio capaz de expresar  lo que de ninguna de otras maneras sería posible.

Haciendo bueno lo que en  su día dijo Pablo Neruda, “en  poesía todo está dicho, no se es original si no singular.”  Solo  queda la maestría que el poeta pueda ejercer con su pluma, la forma de tejer el mensaje, crear las metáforas, enlazar  las imágenes  con un lenguaje rítmico capaz de elevar la expresión estética.

 En ese compendio sustancial que se  estructura  el poema, cada poeta intentará comunicar, transmitir, hacer llegar de forma entendible su mensaje y emocionar al lector, tenga que tener este más o menos a mano el diccionario. No es cuestión de utilizar un lenguaje inusual,  si no  cómo se utiliza y qué se es capaz de hacer con él.

Raquel Lanseros comunica, llega, se hace entender, engancha y emociona al lector. Dicho esto, todos los amantes de la poesía deberíamos de ir corriendo a comprar los libros de Raquel. Con toda honestidad creo que merece la pena, su poesía no de frauda. No en vano estos tres libros vienen avalados cada uno con un premio de los llamados importantes. “Diario de un destello” (accésit Adonais, 2005), “Los ojos de la niebla”, (premio Unicaja, 2008), “Croniria”, (premio Antonio Machado, Baeza, 2009).

En “Croniria”, afirma Antonio Enrique en su reseña El faro de Motril: “es poesía mayor, libro que refleraquel 2ja un equilibrio impecable”.  Y no se equivoca, estamos ante un libro de madurez, un poemario bien guiado por una poeta que conoce y domina el oficio. Como diría Neruda, estamos ante una poeta singular con voz propia y diáfana. Su poesía fluye muy bien elaborada, se aprecia el trabajo de una poeta que no se conforma con hacer versos, quiere hacer piezas únicas. Elude Raquel la retórica  y mantiene una expresión ágil y lúcida desde el primer verso hasta el último, poesía de corte amoroso y reflexiva, poemas estos muy bien construidos, depurados con exigida  exquisitez.

Por su calado, especial atención puse en los poemas “el vínculo”, “en nomine libertatis”, “la serpiente” y “el día que milú  inventó tintín”. Con un plus de imaginación,  cargado de erotismo y,  quizás el mejor poema de “Croniria” releí   “a propósito de Eros.” “De todas las terrenas servidumbres / que aprisionan mi afán en esta cárcel / me confieso deudora de la carne / y  de todos sus íntimos vaivenes / que me hacen más feliz / y menos libre.”

En “Los ojos de la niebla”, Raquel pone su voz al servicio de infinitas historias, bien sean  novelescas, inventadas o cogidas de nuestra cotidianidad. Historias sentidas que Raquel hace propias, versos navegables donde su voz se torna recia y cálida. Sigue como en “Croniria” esa predisposición reflexiva que indaga el subconsciente para seguir buscando respuesta a tanta incertidumbre. En el poema “Un joven recuerda a su padre” escribe: “ahora ya sé qué  pasé por tu vida / como los ríos debajo de los puentes / indiferentes, turbios, orgullosos/ con la triraquelvialidad desdibujada”,  versos para reflexionar donde lo obvio “se oculta tras un halo de extrañeza”. El poema “ el hombre olvidado” es un retrato en sepia ante la impotencia que vive  gran parte de nuestra sociedad y donde la poeta Raquel Lanseros nos recuerda que la poesía tiene que ser una exigencia ética, indeclinable para los poetas, que no debemos olvidar la palabra piedad o misericordia y que existe el derecho a la dignidad. Poema de tintes sociales y con metáforas que  son puros trallazos de luz en medio de la niebla.

“Diario de un destello” se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera, poesía reflexiva que profundiza  en la experiencia y busca proyectar una visión de futuro. Aquí he leído y releído el poema “invocación” y no he podido resistir la tentación de transcribirlo: “que no crezca jamás en mis entrañas / esa calma aparente llamada escepticismo. / Huya yo del resabio, / del cinismo, / de la imparcialidad de hombros encogidos. / Crea yo siempre en la vida / crea yo siempre / en las mil infinitas posibilidades./  Engáñeme los cantos de sirenas / tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua./ Que nunca se parezca mi epidermis / a la piel de un paquidermo  inconmovible, helado. / Llore yo todavía / por sueños imposibles / por amores prohibidos / por fantasías de niña hechas añicos./ Huya yo del realismo encorsetado./ Consérvense en mis labios las canciones,/ muchas y muy ruidosas y con muchos acordes./ Por si vinieran tiempos de silencio.”

La segunda parte emerge como una flor en un peñasco, poesía social cuya máxima expresión la encontramos en el poema “Yago Bazal se dejaraquel ver dos horas”. Sin duda  esta es la poesía que nos acerca su lado más humano y reivindicativo, la que más llega y por la que deberemos luchar. “Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, /  yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse.”

 Este es uno de esos pomas trasparentes que  arraiga sin chillidos, se hace patente el dolor humano y empuja las cavilaciones como el vuelo de los huracanes. Yo apuesto por la poesía social, porque creo en ella como medio para dignificar al ser humano, y porque sigue  y – mientras haya un solo humano que sufra el atropello de sus semejantes  –  seguirá siendo un arma cargada de futuro.

La tercera parte es de corte amoroso,  base común  en la  que se cimientan los pilares de estos tres libros, quizás la más importante, donde arranca la palabra hecha verso y asciende victoriosa hasta “Croniria” para coronarse cuajada de erotismo con una sutileza sublime, donde Raquel consigue embelesarnos y fusionar  en  perfecta simbiosis los tres pilares de esta trilogía.

Qué bien laten los versos de   Raquel en estos setenta y cinco poemas, y cómo nos deslumbra  “entretejiendo un atlas de destinos cruzados”.

Martín Torregrosa

HE LEÍDO, “LA EDAD DE LA CENIZA”, “LUGAR DE TODA AUSENCIA” Y “EL LIBRO DEL DESVALIMIENTO” DE JOSÉ ANTONIO SÁEZ

ImagenEs José Antonio Sáez un poeta puro,  transparente como el río que inicia su andadura, apenas una hebra de agua, un manantial que avanza y serpentea entre toscas y breñas, pero siempre en aumento, arrastrando fragancias, burbujeando acordes, esencias gratuitas que encienden los compases de un remanso cumplido.

No solo ha cumplido José Antonio ese remanso que le consagra como poeta, sino que inicia una cruzada reflexiva ante la metrópolis de un cuerpo que enciende sus sirenas  y cual mar lanceolado en un ir y venir el alma se detiene, dibuja sensaciones y  deja sus destellos por las hojas perdidas de un cuaderno de ruta que el verso recompone.

Esta ruta de viaje llevará a José Antonio  con voz profunda  y sin fisuras a componer estos poemas de hallazgos escultóricos que asciende la pirámide de la poesía contemporánea. Instalado en su despacho de poeta, José Antonio deja volar el pensamiento y como si de cualquier fragancia se tratara, pone a sus pies todas las maravillas delImagen universo y las recrea con sutil destreza. Transita el poeta sobre lo vivido y escucha en sus latidos, las viejas sirenas de un lejano navío que irremediablemente se pierde entre la niebla. No va a quedar tiempo para tantos albores nos dice el poeta,  aquella mano aún niña que con fervor acariciara el agua de los caños, o el frescor de la nieve en el Saliente, se le escapan los sueños. Podemos leer en el poema “Altos del sol saliente”, “los sueños corazón que se nos vuelan”, cual otoño que apresura el deshojar del árbol con las primeras nieves.

No nos apresuramos si decimos… y podemos decir sin temor a equivocarnos que ha sabido José Antonio deshojar en estos ciento cincuenta  poemas con eficaz maestría, la melodía más dulce al piano más sabio, las imágenes más bellas, el amanecer más atrevido y el sentimiento más puro a la lágrima más amarga.

Desde su atalaya, el poeta asegura “que somos un viento helado que atraviesa la noche desnuda.”  Sin más abrigo que el folio en blanco, la palabra y la pluma, el poeta se crece con cada verso nuevo y en cada poema va dejando retazos de esa cartografía universal, detalles de una existencia donde el verso navega, a veces desahuciado  por un mar de Imagenfondo que invita a una reflexión sin tregua. “Sueños de la razón”, poema cargado de connotaciones espirituales, de versos excelentes, bien asidos, hechos desde la primera línea de fuego donde el poeta exige con firmeza respuestas inexcusables a sus preguntas y se niega a que nos “hurten la vida como si tuviéramos la ilusión falaz de haber vivido”.

Recorridos los rápidos que la cumbre empujara con su verticalidad, el río se hace inmenso y navegable, avanza en la llanura que viste de acuarelas sus riberas más próximas al tiempo que hermosea un tapiz de fértiles y laboriosas tierras. José Antonio juega con los ocres opuestos y enseña sus pinceles de cálamos erguidos, bien guiados en luminosos tintes que el viento policroma. Enigmático y espiritual, místico e inconformista, José Antonio estira la palabra, la deja navegar por aguas apacibles, ensancha los acordes con especial dulzura y tilda los compases que marcan la cadencia de una poesía eterna de exquisita sensibilidad y profundo calado.

En esta hondonada de reflexiones acertadas, el poeta se muestra observador y juega con la luz de un ocaso que en bronce va esculpiendo los cascos de un galope tendido, sinuoso, arrogante y bien dispuesto a toda conquista sobre un mar de llamas que la espuma corteja. “Caballos sobre el mar”, es uno de esos poemas de imágenes indescifrables, de metáforas arrogantes, bien trenzadas, es una pintura que el mismísimo Picaso le hubiese gustado reflejar en sus lienzos.

                                                       Martín Torregrosa

HE LEIDO ( FALSO TESTIMONIO) DE FRANCISCO DOMENE

CORTADO

Echo a caminar por estos versos de “Falso Testimonio”  y voy descubriendo su exquisita belleza, el ritmo sostenido bien cogido por mano, el lenguaje preciso siempre bien utilizado por un poeta de sobrados recursos. Poemas directos, profundos, sin ripios ni chirridos. Poemas del hombre, para el hombre. Poesía ésta con mayúsculas, hecha desde el corazón en una sociedad que vive en el frenesí de la desesperación, en el arrebato ungido a un ala de tiempo que ambiciona la luz de lo imposible.
Coge Francisco Domene la figura del hombre como eje socio-político y central del libro, y lo coge como figura capaz de establecer normas y entendimiento. Cree el poeta en el hombre, en lo grandioso del ser humano, en su capacidad de compromiso y razonamiento, apuesta por el hombre que siente en su interior y confía sin censura en el compromiso moral de la palabra, en la hermandad del entendimiento, en lo fácil que sería equitativamente entrelazar posturas sin mitigar tristezas ni alegrías. Cree el poeta en la lógica racional sin trampas que coaccionen ni cohíban la expresión por encima del miedo.
Como uno más, tiende el poeta su mano y su poesía en la forma tangible que  anuda la esperanza y reconoce al tacto el falso testimonio. La parcialidad de quien promete alondras en un mar de salinas.
Como hilo conductor la hebra social de estos poemas va engarzando las esencias que emanan entre las líneas de una poesía sentida y reflexiva que busca en las pausas del verso dejar el mensaje clarividente ascendido por el tubo purificador de la experiencia. Poeta seguro de sí mismo, atrevido que nos advierte en sus poemas que no hay que olvidar el pasado, que hay que recuperar la memoria para afrontar el futuro. No olvidemos que el hombre es el único enemigo del hombre, el causante de cuanta maldad se extiende sin límites por la faz de la tierra.
Versos como la “dignidad es un perro que duerme en la acera” o “la libertad es una estatua ecuestre” no deben pasar desapercibidos, Son auténticas metáforas que invitan a la reflexión. Versos de afirmación y denuncia donde la palabra va unida al pensamiento, poemas de sátira social y justa ironía. Poesía contenida, llena de sarcasmo y humor dice Concha Zardoya en el prólogo.
No es la poesía para el poeta un juego caprichoso de niño adolescente, él mismo nos lo dice en el poema “La Opción Necesaria”; “Francisco Domene, óyeme: A tu edad, la poesía, si acaso alguna vez lo fue, ya no es un juego. Por ella existes tú, y en ella tú en ti te reconoces”.
Poeta serio, valiente que cree en la utilidad de la poesía.

MARTÍN TORREGROSA

IN MEMORIAN

Imagen

Absorto y retraído, como huella en el tiempo que la lluvia emborrona me asaltan la memoria repentinas imágenes.
La pausada palabra quebradiza y profunda de mi padre en la noche iba desgranando sus vivencias bajo la llama humilde de un candil de aceite y el crepitar nocturno de los troncos de olivo en la cocina, breves narraciones que aún siendo niño escuchaba atónito al calor de la hoguera.
Poco a poco mi padre con un ligero gesto de frotarse la frente iba hilvanando las palabras, dejándolas correr como un sueño lejano o pesadilla que nunca ha de vivirse.
– Nos fuimos voluntarios al bando republicano un primo de tu madre y unos cuantos amigos valientes y decididos, el hambre y la pobreza nos llevó a una guerra incívica y fraticida.
Se consumían las últimas ascuas de la noche y continuaba mi padre con la mano temblorosa en la frente desgranando recuerdos.
– Sobrecogía ver los trenes en los pueblos limítrofes al campo de batalla, con tanto herido, tanta venda envolviendo lamentos.
No podía pestañear mientras mi madre zurcía viejos calcetines a la luz del candil y mi padre continuaba dejando pinceladas de un tiempo malvivido.
– Aún tengo en la retina la imagen como rayo que cae zigzagueante del primo de tu madre muriendo contra el suelo, se había levantado para coger agua y una bala segó como espiga de mayo su esbeltez de muchacho, solo tuve tiempo para dejarle mi último adiós abrazando la tierra.
Yo, como niño contemplaba el rostro de mi padre y sus ojos eran dos charcos de agua contenida.
– Aún cierro los ojos y escucho el silbido mortífero de la aviación alemana y   sus bombas, los compañeros caían por cientos, no puedo recordar sin que se me oprima el pecho como golpe sesgado y el corazón se me quiebra saltando por las venas, la dureza sangrienta de las batallas del Segre, Mequinenza y El Ebro, me han dejado estigmas que no puedo borrar, aún no sé cómo pude salir de aquel infierno.
Entre lágrimas y con la voz entrecortada continua narrando mi padre con el último rescoldo de la noche como tuvo que cruzar El Ebro en retirada, desnudo y derrotado, nadando con las aguas teñidas por la sangre, sorteando cadáveres, hombres moribundos y heridos que intentaban aferrarse inútilmente a la vida.

MARTÍN TORREGROSA

HE LEIDO LA (ANTOLOGÍA POÉTICA 1953 -73) DE JULIO ALFREDO EGEA

Imagen (10)  Hablar de Julio Alfredo Egea es hablar de uno de los poetas más galardonados e importantes que haya dado la provincia de Almería.
Anclado en su Chirivel natal, Julio Alfredo Egea ha sabido captar con sutil maestría y verso puro todos los entresijos del medio rural que le circunda. En este entorno onírico de cumbres y mesetas, de espliegos y romero, Julio Alfredo Egea instala su cátedra del verso. Desde esa cátedra de cumplidos remansos y vuelos vigilantes bien ha sabido el poeta hilvanar verso a verso algunos de los poemas más bellos y profundos de los últimos tiempos.
Poesía honesta y transparente. En cada verso hay un corazón latiendo, una historia que merece ser leída, poemas como vidas, hechos con sentimiento desde el hombre, para el hombre. Decía Leopoldo de Luis en su introducción a la obra completa de Miguel Hernández que se publicó en Alianza Editorial en mil novecientos ochenta y dos, “la figura hernandiana no se volverá a repetir, Miguel fue como una flor en un peñasco”.
Haciendo un símil, bien podríamos decir que Julio Alfredo Egea es un poeta que ha crecido entre cumbres y como el agua de alta montaña es puro y transparente. Poeta de esencias innegables, catalizador de trinos y metáforas, auténtico alambique destilando purezas, bellísimas imágenes tan sólo conseguidas por los más doctos en el arte de descifrar los sueños con la pluma.
Poeta solidario con los más necesitados, creyente y generoso, Julio Alfredo Egea sabe del sudor, de la hoz y el ramal en la cintura, del trigo y sus rastrojos, de la cantarilla del agua que llora mientras duerme su preciado caudal bajo la encina. Es amigo de sus vecinos, y de Juan el bracero que va a verle, a pedirle consejos, a confesarle sueños y esperanzas. También el poeta conoce como Juan, el amanecer en el tajo, la estirada jornada y el regreso nocturno mientras les va la luna bailando en las pupilas y el hambre se encadena silbando en los bolsillos.
Es Julio Alfredo Egea un poeta de verso navegable de anchas sílabas y una sensibilidad inusitada, capaz de sorprenderse y sorprendernos, escribe de la vida, lo que nos pasa y lo que nos hace pasar, al tiempo que se proclama arqueólogo del trino, guardián de bosques y riachuelos, poeta comprometido con el medio rural y con el hombre.
“Nunca debéis mirar por las ventanas cuando lloran los niños por la noche”, un ángel cereal recorre las estancias apagando quinqués, columpiando las cunas donde los niños sueñan un despertar de migas y buñuelos. Poesía hecha con el corazón, a pecho descubierto, como antorchas encendidas que anuncian los caminos, aquí el poeta eleva su oración por el hombre que sufre, se revela contra la asfixia del jornalero y su desprecio. Cansado está el poeta de ver como le arrancan con esfuerzo y sudor las migajas a estos páramos desérticos. Suplicante, reflexivo, y a veces elegíaco el poeta va desgranando cual orvallo de abril, secuencias de una época, ráfagas de un tiempo que a tantos españoles de una forma o de otra les tocó padecer.
Sentido poema este número dos del pan escaso, poesía generosa, intensa de escenas transitadas, de tiempos vividos, veraz y anecdótica, poesía como labios, bien uncida tras la invisible mano de los días. Ha vivido el poeta lo triste que es despertar auroras, el lastimar temprano cuando se va la mano –a penas niña- encalleciendo por la áspera esteva del arado. Me viene a la memoria, y al hilo de estos poemas profundos de Julio Alfredo Egea unos versos de don Antonio Machado, quien como Julio tanto supo de bondad, de entrega y sufrimiento. “Dos lentos bueyes aran / y entre las negras testas doblegadas, / bajo el pesado yugo, / pende un cesto de juncos y retama, / que es la cuna de un niño; / y tras la yunta marcha / un hombre que se inclina hacia la tierra, / y una mujer que en las abiertas zanjas / arroja la semilla”. Conmovedora estampa, casi bíblica de la España más humilde y profunda que don Antonio bien supo dibujar en “Campos de Castilla”. Después de leer estos versos, podemos entender mejor el amor que ambos poetas derrochan hacia los seres y las cosas.
“Noticias de mi vida”, es un poema discurso, una declaración de hermanamiento, un sentir de temblorosas venas, de hombres sudorosos, humildes que lo dan todo apuntalando sueños, construyendo –sin etiquetas- avenidas, fuentes de luz y plazas de concordia. Bellísima poema estas noticias de un tiempo hecho discurso. “No penséis mi bandera sin espigas, creedme, / soy el niño que estaba creciendo entre los surcos, / mi estatura soporta bofetadas de tierra, / pienso que hay mil motivos para tocar la rosa”. Versos del corazón, poema de obligada lectura para tantos políticos que cabalgan nuestra geografía a lomos de la prepotencia y la soberbia.
Pertenece Julio Alfredo Egea a la generación del cincuenta. Una generación emblemática, marcada por una España dictatorial de represalias, estrecheces y odios, sin duda la generación más importante de posguerra. Es por lo tanto Julio Alfredo Egea junto a poetas como Ángel Valente, Claudio Rodríguez o Àngel González por citar algunos, parte integrante de esos pilares donde se apoya la poesía Española contemporánea.
Escribe Julio Alfredo Egea estos ocho libros que forman la “Antología Poética mil novecientos cincuenta y tres, setenta y tres,” -que viene precedida de un prólogo excelente y acertado de Arturo Medina-, En una época difícil, y lo hace apartándose de ideologías y de signos, optando por un humanismo que intenta comprender al hombre valorando a todos los hombres. Poeta integrador no excluyente que ha sabido tejer con la palabra escrita unos de los testamentos poéticos más bellos de su generación.

Martín Torregrosa