Poemas

MUJER BAJO PALABRA

Le ofrecieron la aurora, sus mejores postales y un sí como columnas de mariposas blancas temblaba en sus oídos. Tuvo sueños lejanos, ilusiones, deseos de violetas azules, compradas en el rastro de un Madrid solidario.

Sufrimiento y presagio. Extraña melodía le encendió la mirada. Su mejor beso, luego el adiós, hasta pronto, no llores madre, papá, cuida del perro, de mamá. Ya sabes cómo son los inviernos -cuidado con el vodka-, os quiero, os quiero.

De repente el camino abría su escultura de miseria maldita, su rebelión de ángel, su temprana locura, la sinrazón, el miedo de saberse engañada, indefensa y confusa en medio de la noche.

Quería la libertad bien cogida por mano, ser la crónica azul, corresponsal de sueños en un tiempo difícil de proscritos naufragios y atardeceres muertos por las plazas con cisnes y golondrinas rojas.

Sostuvo la inocencia, su ingenuidad primera y aceptó la mentira, la falsedad, el juego como ciegas palabras que fueron maldecidas, arrojadas donde las viejas fuentes vomitaron sus algas.

Anduvo sin resquicio de luz, sin concesión de tregua sobre sí misma, y maldijo, maldijo la alegría, la soledad horadada, el canto, y empezó a sollozar sobre los muertos que ardían en su memoria.

Carne de vicio, transgredida por la mano alienígena de los usureros que pululan la noche como fantasmas rotos que buscan la venganza, la prostitución del cuerpo y sus recaudos.

La noche fue trayendo como la mar sus olas, los peces del suicidio, los arrebatados a las redes, los que yerran ya moribundos, sin vida por el vientre infinito, amargo de sus aguas.

Multitud de los bares perdidos bajo la lluvia gris de las cantinas, ésta es la promesa, la farsa repetida, las mejores postales ofrecidas al reo. Yo no conozco a nadie, las mujeres caminan por las blancas vidrieras con farolillos rojos, contemplan la llovizna, el dolor de vivir tras las cortinas como gotas de tiempo que perdura en la sangre.

Hoy he visto a Sheila escribir con los ojos sus mejores deseos, pedía libertad bajo palabra, el canto de Neruda, y hablaba, hablaba en los atriles de la resurrección, de abolir los naufragios, la destrucción, el miedo de sentirse atraídos, deseados, profusos bajo la parca y fría soledad de los caminos.

Hoy he visto a Sheila suscribir bajo el cielo el vuelo de las aves, descifrar los telégrafos con un pez de plata herido entre las manos, hoy he visto a Sheila vestirse de colores, dibujar la mañana y he sentido la paz entre mis versos.

(Azul es el color de los desheredados)

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MUCHACHO DE LOS ANTÍLOPES

Muchacho de los antílopes, hijo de Zeus y de Afrodita, espiga que pisaste la llama de los desfiladeros, los arroyos profundos donde muere la garza y el reptil centellea su látigo de tierra.

Ven a decirme que has escuchado recitar a Gloria Fuertes sobre un mamut marmóreo que preside la plaza de los libertadores. Atleta desplomado, corredor de fondo, que persigue gacelas con la fría desnudez de los delfines.

Cóndor surgido del nitrato, has visto llorar las fuentes porque perdían sus peces en mitad de la noche, resucitar muertos, nuevos compañeros que surgían como aves entre las viejas cajas.

Yo te he visto llorar por las planicies, inventar los arroyos muchacho de los antílopes, hijo de las estrellas, de los puertos con algas y esas madres que lloran, recitan o vocean mientras cosen las redes con un niño en las tetas. Hijo del Amazonas, del tamizado Oriente que persigue pirañas con un lazo de luna erguido entre los dedos.

Hoy he venido a compartir tu mesa, a traerte estos versos de harina candeal, de aceituna dorada y blancos mazapanes, hoy he venido a llorar con tu gente, a ser tu misionero, y romper los violines, el tiempo que tejió la penumbra, el frío aldabonazo que sostiene el imperio, la podrida cadena, el eslabón, la llama calcinada que devasta esta región profunda. Hoy he venido a traerte la ilusión de otros días, la de hoy, la nueva esperanza que encendió los silencios y este abrazo de hermano que traigo entre mis manos.

(Azul es el color de los desheredados)

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OTOÑO EN LAS LAGUNAS DE RUIDERA

La tarde se desploma,
precipita su esfinge
sobre el tapiz dormido
que tienden los abetos.
Atrás quedan los días
con látigos y luces,
las verticales sombras
donde sestea la garza.

Atrás queda la sierra
con el azul más puro
los valles del cilantro
y las dormidas lanzas
de un estío que derrama
los últimos albores.

Atrás queda la fuente,
los penachos del monte
ondulando una cinta
de luz sobre las urces.

Llora la luna
y suena en la tormenta
el aullido de un perro
solitario.

Es la hora del báculo,
de quemarse los dedos,
la paz de los caminos.
Arde la tierra
y eleva sus flautas
mientras borda la noche
su manto en las encinas.

Yo sé bien que los montes
tienen ganada la partida,
que la ceniza blanca
que flota entre los juncos
es de un arpa ya anciana
que murió por las llamas
de una noche de otoño.

(Azul es el color de los desheredados)

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COMO HEBRAS DE AGUA

MI RECUERDO, MI HOMENAJE Y ESTOS VERSOS PARA UN NIÑO YUGUSLAVO QUE MURIÓ HELADO
EN BRAZOS DE SU PADRE UNA NOCHE DE INVIERNO CUANDO INTENTABA CRUZAR LA FRONTERA
CLANDESTINAMENTE HACIA SUIZA.

Era frágil su cuerpo,
apenas un respiro
para vivir callado.
Confundido en la noche
fue cerrando sus ojos
bajo la oscuridad
con que pasan las horas.
Rota la voz, perdida
como hebras de agua
cristalizaba sueños
en busca de la aurora.

Todo se cernía en finísimos
átomos de luz sobre los árboles,
el iris, la soledad comprada,
y el bosque entero un llanto.

La mirada perdida, ya niebla
entre la niebla, buscaba los destellos,
el calor de una llama
con que ahuyentar la muerte.

Aquí apagó la luz,
elevó el grito
sobre esta montaña
que casi roza el cielo,
mas Dios no llegó a tiempo,
era débil su voz
y se le fue apagando
sin poder decir madre.

(Azul es el color de los desheredados)

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    FRENTE AL MAR

POEMA1

 

 

 

 

 

 

 

 

(Azul es el color de los desheredados)

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       NOCHE EN SAN MAURICIO

POEMA3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Azul es el color de los desheredados)

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        A BLAS DE OTERO

POEMA2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Lazos de sangre)

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PIEL DE TORO

Bajo esta piel oscura un toro llora
“cuajado de tristeza y de agonía”,
bajo esta piel de sangre un toro enfría
su furia de huracán noble y sonora.

Bajo esta piel de toro se enamora
un lento corazón, vieja teoría
que insiste y no desiste todavía
en blandir su “corná” ronca y sonora.

Bajo esta piel de bronce huracanada
un toro genuflexo al llanto asoma
su luna de ciprés y pergamino.

Bajo esta piel de sangre enarbolada
un toro de impotencia se desploma
“olvidando que es toro y masculino”.

(Lazos de sangre)

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A PEDRO GILABER

Escultor de olivos

Fieramente apoyado en formas, clama
este Pedro del Sur noble y cansado,
fieramente a la luz, al bronce ajado
cultiva su expresión, alza la rama.

Te he visto contemplar Pedro en la llama
de un crepúsculo rojo y soleado,
la espiga de la paz, el desbordado
enlace celestial que el sol derrama.

Te he visto cultivar en Huevanilla
arcos de sol, estrellas por teoría
y una inmensa inquietud noble y sencilla.

El alma es navegable y en armonía
supiste cincelar, amar la arcilla
que duerme en libertad pura y baldía.

(Lazos de sangre)

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ADIÓS EN SOLLER

El tren por Tramontana vuelve a Palma
dibujando un camino por mi sangre.

Como si nada hubiera sucedido
El oboe de tus labios
acompaña la música del viento.

Se acabaron las tardes de verano,
el mojito y el ron, la guayabera,
el whisky de garrafa que en las noches
acariciaba el torso de la luna.

Los paseos en calesa, el rimanblú,
la bachata y la salsa en tus caderas
dejaron encendido el universo.

Roto el compas, el ritmo, los latidos,
la tarde en breve sol la noche espera
para entregarse sola al oleaje.

El otoño también llega hasta el mar.

(El tren de la lluvia)
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EL PRINCIPIO FUE SIEMPRE UN SONIDO

El principio fue siempre un sonido de trenes,
quedándose adherido como un árbol a la tierra.

Después fue el tiempo, ese espacio desértico
que recorre la noche, la ciega oscuridad
que protege la lluvia. Luego emergía la luz,
el llanto nuevo que se quiebra en la espuma.
Pequeños litorales tamizando la huella
bajo las secas hojas que el otoño abandona.

Así fue la palabra quedando en la memoria;
enredada y confusa, desaliñada
en un espacio yermo habitado por sombras.

(El tren de la lluvia)

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       AVENUE DE LA GARE NUMÉRO NEUF

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(El tren de la lluvia)

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       PADRE NUESTRO

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(El tren de la lluvia)
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       PÉTALOS DE ARCILLA.
                                               A José García Sánchez.

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(El tren de la lluvia)
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(setecientos versos para maindra)
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(setecientos versos para maindra)

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(setecientos versos para maindra)

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            VERSOS PARA MAINDRA.

poema11(setecientos versos para maindra)

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Un pensamiento en “Poemas

  1. Me gusta muchísimo este poeta, paisano, en segunrda generación, comprometido, hábil y elocuente en su forma de expresar su compromiso ante lo más injusto. Gracias José Antonio Sáez por presentarnos parte de su obra y por lo que nos ofrece su lectura. Un saludo afectuoso. ¡Salud y libertad!

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