ACERCAMIENTO AL POETA MARTÍN TORREGROSA

Hablar de Martín Torregrosa, es hablar de un poeta de gran calado social y humanista, su poesía, muestra la preocupación por el hombre de carne y hueso, frente a lo exótico y lejano, no le interesa tanto lo que el poema sugiere, si no, lo que éste comunica y transmite. Convencido de que tan solo a través del ejercicio honesto que dicta la conciencia se puede discernir entre el bien y el mal. Afirma Martín, que la poesía es una exigencia ética indeclinable para los poetas, y concibe el poema como un acto de concienciación y legítima defensa.
Bien sabe Martín de estos asuntos de la poesía social y el compromiso, de las luchas de clases y lo ancho y navegable que debe ser la palabra libertad, él pasó los dos últimos años de la dictadura en el país vecino, junto a los republicanos exiliados, por lo tanto es conocedor del desarraigo y el dolor de los que fueron perseguidos y obligados a pedir exilio en otros países.
Vivió en Francia sus primeros años de juventud, y la bohemia de aquel eslogan: “haz el amor y no la guerra” que tan de moda puso en los setenta el movimiento hippi, escuchó la canciones protesta de Paco Ibañez, Manuel Gerena, Bob Dylan…y se unió a los movimientos de izquierdas. Pero sería en la década de los 80, durante su estancia en Suiza, cuando realmente el poeta toma conciencia de la realidad, y una visión sincera le acerca a la crudeza del día a día. Allí se afilió al sindicato socialista y colaboró durante más de tres años en el periódico del órgano sindical, tanto con poemas como con artículos. Participó de un modo activo y fue parte de las manifestaciones más importantes que se llevaron a cabo en la capital de Berna, a favor de la abolición del permiso del temporero que impedía la unificación familiar. Pasó toda la década de los 80 y principio de los 90 en Suiza y se vio envuelto en una emigración masiva y multirracial. Tuvo contacto con la clandestinidad de quienes lo arriesgaban todo en busca de un futuro mejor, convivió con los exiliados que llegaban huyendo de la guerra de los Balcanes, del Zaire y con algunos comunistas procedentes de países latinoamericanos. Todo aquel amalgamado cóctel de circunstancias y situaciones, hicieron convulsionar en la conciencia del poeta su estado de impotencia y rebeldía, y como Blas de otero, “un buen día bajó a la calle: entonces comprendió; y rompió todos sus versos”. Confiesa Martín, que igual que Blas de Otero, él también bajó a la calle para hablar con los clandestinos, con los exiliados, con las prostitutas, y bebió el vino amargo con sus compañeros hasta enterrar la noche en el horizonte.
Leído su último libro, “Azul es el Color de los Desheredados”, descubrimos una poesía de actitudes humanas profundamente sentidas, poesía que no rehúye de los sentimientos y apuesta por el bien social. Elude el poeta las torres de marfil y se une a la inmensa mayoría que propugnaba Blas de Otero. Para Martín Torregrosa el ser humano está por encima de la poesía y la poesía debe estar al servicio del hombre, no el hombre al servicio de ésta.
Se apoya Martín en la generación del 36 y en poetas como Machado, Neruda o Vallejo. Nada tiene que ver su poesía con la de sus predecesores los Novísimos y posnovísimos, ni tan siquiera con la que cultivan una gran parte de sus coetáneos de generación, aunque en esta generación conviven autores a veces muy disímiles. Sí encontramos puntos convergentes con la poesía de “La otra sentimentalidad”, que proponían los poetas Granadinos: Luis García Montero, Javier Egea y Álvaro Salvador. A pesar de que Martín Torregrosa hace una poesía preferentemente social, frente a la de corte amoroso de los poetas granadinos, ambos coinciden en que revindican: una poesía realista, con un léxico coloquial, la búsqueda de la emoción y el interés por la crítica social.
Estamos ante un poeta que boga por el ser humano y su contorno, no por las florituras retóricas y adornos manidos. Para Martín “la poesía no puede descuidar la dimensión social del hombre. Éste debe comprometerse con su tiempo y debe llegar mediante su poesía a la colectividad. Para Martín la poesía es, comunicación, como propugna Vicente Aleixandre”.

Mónica Cerdán

Leído en el “acto literario con autores de Albox: pasado y presente”, por Mónica Cerdán, 2013.

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