IN MEMORIAN

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Absorto y retraído, como huella en el tiempo que la lluvia emborrona me asaltan la memoria repentinas imágenes.
La pausada palabra quebradiza y profunda de mi padre en la noche iba desgranando sus vivencias bajo la llama humilde de un candil de aceite y el crepitar nocturno de los troncos de olivo en la cocina, breves narraciones que aún siendo niño escuchaba atónito al calor de la hoguera.
Poco a poco mi padre con un ligero gesto de frotarse la frente iba hilvanando las palabras, dejándolas correr como un sueño lejano o pesadilla que nunca ha de vivirse.
– Nos fuimos voluntarios al bando republicano un primo de tu madre y unos cuantos amigos valientes y decididos, el hambre y la pobreza nos llevó a una guerra incívica y fraticida.
Se consumían las últimas ascuas de la noche y continuaba mi padre con la mano temblorosa en la frente desgranando recuerdos.
– Sobrecogía ver los trenes en los pueblos limítrofes al campo de batalla, con tanto herido, tanta venda envolviendo lamentos.
No podía pestañear mientras mi madre zurcía viejos calcetines a la luz del candil y mi padre continuaba dejando pinceladas de un tiempo malvivido.
– Aún tengo en la retina la imagen como rayo que cae zigzagueante del primo de tu madre muriendo contra el suelo, se había levantado para coger agua y una bala segó como espiga de mayo su esbeltez de muchacho, solo tuve tiempo para dejarle mi último adiós abrazando la tierra.
Yo, como niño contemplaba el rostro de mi padre y sus ojos eran dos charcos de agua contenida.
– Aún cierro los ojos y escucho el silbido mortífero de la aviación alemana y   sus bombas, los compañeros caían por cientos, no puedo recordar sin que se me oprima el pecho como golpe sesgado y el corazón se me quiebra saltando por las venas, la dureza sangrienta de las batallas del Segre, Mequinenza y El Ebro, me han dejado estigmas que no puedo borrar, aún no sé cómo pude salir de aquel infierno.
Entre lágrimas y con la voz entrecortada continua narrando mi padre con el último rescoldo de la noche como tuvo que cruzar El Ebro en retirada, desnudo y derrotado, nadando con las aguas teñidas por la sangre, sorteando cadáveres, hombres moribundos y heridos que intentaban aferrarse inútilmente a la vida.

MARTÍN TORREGROSA

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