HE LEIDO EL HIMNO A LA CLARIDAD DEL LIBRO “LAS PEQUEÑAS ESPINAS SON PEQUEÑAS”

  Imagen“A cambio de mi vida nada acepto. / Qué se puede ofrecer que valga más”. Por versos como estos, por poemas como el Himno a la claridad, bien merece nuestra atención la poesía. Acabo de leer este bello poemario de “Las pequeñas espinas son pequeñas”  de Raquel Lanseros y me he quedado anclado como un viejo roble a estos versos del “Himno a la claridad”. Imposible salir indemne como poeta de ellos, cómo escapar sin dejarse algún jirón de envidia, algún hilo emocional en su lectura, algún abrazo suelto que nos recuerde nuestra desnudez primigenia, los orígenes de toda transparencia. La sabia claridad de Raquel proyecta en estos versos su visión metafórica de la realidad, extiende aquí su luminosidad, su himno cadencioso que acampa como una profecía frente al cielo. La palabra poética de Raquel derriba con endecasílabos los muros de la inefabilidad. “Que nada nos detenga. La llama / del infinito debe obedecerse”.  Así de enérgica y de trascendental se muestra Raquel  en estos versos, soberana y dispuesta en su inquietud  nos anima y arenga a luchar contra el vacío que nos ocupa el alma tantas veces. Versos rotundos, intuitivos, contundentes como un mazazo a la intemperie. Auténtico desafío al tiempo, al hoy y ahora, un pulso en toda regla a la apatía liberada. Versos que rebosan vida hasta anegarse de luz en los caminos, versos que buscan el equilibrio, la constancia de ser y estar con la claridad que apuesta la conciencia. No al  arrebato, ni a  la  desbandada  que nos libera abandonando, no a “la lluvia que lava más que riega”, y sí a la que nutre y cala como los buenos poemas, no al estancamiento ni a darnos de bruces contra los famélicos que nos encumbran y espolean con su obstinación mercenaria. Versos de esperanza, donde Raquel nos convoca haciéndonos testigos del presente, conductores de nuestro destino. ”¿A qué esperáis? Encended los caminos, / que empapen bien los ojos. Recorredlos / mientras haya una lumbre en los pulmones”. Versos asidos a la esperanza, al sentimiento que atesora el recuerdo. Sabe escuchar Raquel sus pasos y los dirige hacia el futuro,  no desoye ni olvida a quien a lo lejos, con otros pasos y otro ritmo aun empuja las brasas de su juventud. Poema sencillamente sublime, cargado de connotaciones positivas que se aferran en “el destello arcilloso de la tierra”. Nos deja aquí Raquel la claridad más firme, bajo el himno más puro. “Sé que tengo sentido porque vivo, / y sé que no hay dolor ni menoscabo /  que pueda inmolar esta fortuna / de ser en el presente, de existir, / de sentirme el orfebre del instante”. Vida, vida rebosando en este poema de cadenciosas sílabas y versos bien medidos, optimismo en arte mayor hoy tan necesario.

LAS PEQUEÑAS ESPINAS SON PEQUEÑAS, DE RAQUEL LANSEROS

OBTUVO XXIX PREMIO JAÉN DE POESÍA  2013

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