HE LEÍDO, DIARIO DE UN DESTELLO, LOS OJOS DE LA NIEBLA Y CRONIRIA, UNA TRILOGÍA DE ESENCIAS AMOROSAS DE RAQUEL LANSEROS

mmcc01Teniendo en cuenta que la poesía es la manifestación del sentimiento y que este abarca todos los estados emocionales del ser humano, podemos decir que el poeta es el receptor capaz de transmitir de una forma estética la musicalidad de un sentimiento hecho palabra y a la vez es el conductor que transcribe los impulsos del alma,  por lo tanto, la poesía es para el poeta  el único medio capaz de expresar  lo que de ninguna de otras maneras sería posible.

Haciendo bueno lo que en  su día dijo Pablo Neruda, “en  poesía todo está dicho, no se es original si no singular.”  Solo  queda la maestría que el poeta pueda ejercer con su pluma, la forma de tejer el mensaje, crear las metáforas, enlazar  las imágenes  con un lenguaje rítmico capaz de elevar la expresión estética.

 En ese compendio sustancial que se  estructura  el poema, cada poeta intentará comunicar, transmitir, hacer llegar de forma entendible su mensaje y emocionar al lector, tenga que tener este más o menos a mano el diccionario. No es cuestión de utilizar un lenguaje inusual,  si no  cómo se utiliza y qué se es capaz de hacer con él.

Raquel Lanseros comunica, llega, se hace entender, engancha y emociona al lector. Dicho esto, todos los amantes de la poesía deberíamos de ir corriendo a comprar los libros de Raquel. Con toda honestidad creo que merece la pena, su poesía no de frauda. No en vano estos tres libros vienen avalados cada uno con un premio de los llamados importantes. “Diario de un destello” (accésit Adonais, 2005), “Los ojos de la niebla”, (premio Unicaja, 2008), “Croniria”, (premio Antonio Machado, Baeza, 2009).

En “Croniria”, afirma Antonio Enrique en su reseña El faro de Motril: “es poesía mayor, libro que refleraquel 2ja un equilibrio impecable”.  Y no se equivoca, estamos ante un libro de madurez, un poemario bien guiado por una poeta que conoce y domina el oficio. Como diría Neruda, estamos ante una poeta singular con voz propia y diáfana. Su poesía fluye muy bien elaborada, se aprecia el trabajo de una poeta que no se conforma con hacer versos, quiere hacer piezas únicas. Elude Raquel la retórica  y mantiene una expresión ágil y lúcida desde el primer verso hasta el último, poesía de corte amoroso y reflexiva, poemas estos muy bien construidos, depurados con exigida  exquisitez.

Por su calado, especial atención puse en los poemas “el vínculo”, “en nomine libertatis”, “la serpiente” y “el día que milú  inventó tintín”. Con un plus de imaginación,  cargado de erotismo y,  quizás el mejor poema de “Croniria” releí   “a propósito de Eros.” “De todas las terrenas servidumbres / que aprisionan mi afán en esta cárcel / me confieso deudora de la carne / y  de todos sus íntimos vaivenes / que me hacen más feliz / y menos libre.”

En “Los ojos de la niebla”, Raquel pone su voz al servicio de infinitas historias, bien sean  novelescas, inventadas o cogidas de nuestra cotidianidad. Historias sentidas que Raquel hace propias, versos navegables donde su voz se torna recia y cálida. Sigue como en “Croniria” esa predisposición reflexiva que indaga el subconsciente para seguir buscando respuesta a tanta incertidumbre. En el poema “Un joven recuerda a su padre” escribe: “ahora ya sé qué  pasé por tu vida / como los ríos debajo de los puentes / indiferentes, turbios, orgullosos/ con la triraquelvialidad desdibujada”,  versos para reflexionar donde lo obvio “se oculta tras un halo de extrañeza”. El poema “ el hombre olvidado” es un retrato en sepia ante la impotencia que vive  gran parte de nuestra sociedad y donde la poeta Raquel Lanseros nos recuerda que la poesía tiene que ser una exigencia ética, indeclinable para los poetas, que no debemos olvidar la palabra piedad o misericordia y que existe el derecho a la dignidad. Poema de tintes sociales y con metáforas que  son puros trallazos de luz en medio de la niebla.

“Diario de un destello” se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera, poesía reflexiva que profundiza  en la experiencia y busca proyectar una visión de futuro. Aquí he leído y releído el poema “invocación” y no he podido resistir la tentación de transcribirlo: “que no crezca jamás en mis entrañas / esa calma aparente llamada escepticismo. / Huya yo del resabio, / del cinismo, / de la imparcialidad de hombros encogidos. / Crea yo siempre en la vida / crea yo siempre / en las mil infinitas posibilidades./  Engáñeme los cantos de sirenas / tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua./ Que nunca se parezca mi epidermis / a la piel de un paquidermo  inconmovible, helado. / Llore yo todavía / por sueños imposibles / por amores prohibidos / por fantasías de niña hechas añicos./ Huya yo del realismo encorsetado./ Consérvense en mis labios las canciones,/ muchas y muy ruidosas y con muchos acordes./ Por si vinieran tiempos de silencio.”

La segunda parte emerge como una flor en un peñasco, poesía social cuya máxima expresión la encontramos en el poema “Yago Bazal se dejaraquel ver dos horas”. Sin duda  esta es la poesía que nos acerca su lado más humano y reivindicativo, la que más llega y por la que deberemos luchar. “Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, /  yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse.”

 Este es uno de esos pomas trasparentes que  arraiga sin chillidos, se hace patente el dolor humano y empuja las cavilaciones como el vuelo de los huracanes. Yo apuesto por la poesía social, porque creo en ella como medio para dignificar al ser humano, y porque sigue  y – mientras haya un solo humano que sufra el atropello de sus semejantes  –  seguirá siendo un arma cargada de futuro.

La tercera parte es de corte amoroso,  base común  en la  que se cimientan los pilares de estos tres libros, quizás la más importante, donde arranca la palabra hecha verso y asciende victoriosa hasta “Croniria” para coronarse cuajada de erotismo con una sutileza sublime, donde Raquel consigue embelesarnos y fusionar  en  perfecta simbiosis los tres pilares de esta trilogía.

Qué bien laten los versos de   Raquel en estos setenta y cinco poemas, y cómo nos deslumbra  “entretejiendo un atlas de destinos cruzados”.

Martín Torregrosa

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